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Un modelo de intervención en psiquiatrí­a PDF Imprimir E-Mail

UN MODELO DE INTERVENCIÓN EN PSIQUIATRIA

Entendemos los problemas en Salud Mental como alteración del cerebro y como fenómeno relacional, humano, interactivo y susceptible de interpretación. Damos gran importancia al lenguaje para construir realidades. Hacemos hincapié en la psicoterapia.

Sin pretender minusvalorar los prodigiosos avances de las Neurociencias, trabajamos con unas metáforas-organizadoras de nuestro encuadre asistencial, una manera de mirar que prima la complejidad de la conducta humana. Se pretende “completar” la visión dominante de corte más biologicista que impera hoy en los medios psiquiátricos.

A través de estas metáforas nos esforzamos en realizar planes terapéuticos que incluyan, además de lo propio de los protocolos académicos, dos aspectos fundamentales: de un lado, los principios éticos  de autonomía, calidez, humanidad y respeto a la dignidad de la persona que inspiran y deben ser eje de toda asistencia de calidad. De otro, la aplicación de la teoría relacional-sistémica, de la complejidad y la filosofía del construccionismo social. El papel del lenguaje y la interpretación para conseguir “historias mejor contadas, a través del llamado dialogo abierto”, en el que toda expresión es una respuesta a la expresión previa y, a su vez, espera como respuesta una nueva expresión. Toda vez que se entabla una conversación surgen nuevos significados y el discurso cobra autenticidad en el  momento mismo que es dicho. Con ello, apelamos al instinto narrativo del ser humano en búsqueda constante del significado de las cosas. Los seres humanos atribuimos significado a los acontecimientos y nos comportamos de acuerdo con este significado. También los llamados enfermos mentales y todos tendríamos una herramienta: la metáfora.

Con el término metáfora queremos relativizar los aspectos más reificantes, inamovibles,  de los diagnósticos y “curiosear” en las fuerzas de las personas y las oportunidades para el cambio que toda crisis conlleva. Hablamos  en lugar de  déficits (“la botella medio vacía”), de recursos, (“botella medio llena”). Nuestro lema es, pues: “las personas, las familias, la comunidad tienen recursos”. Metidos en la hormas de sus zapatos podemos construir significados, es decir, historias menos negras e influir en sus conductas, a través de la empatía.

Somos conscientes de que nos movemos con el modelo biomédico y su importancia. Sin denostar su eficiencia en general, queremos, no obstante, llamar la atención sobre algunos matices del mismo que se han deslizado, contaminado, las psicoterapias.

El modelo biomédico esta centrado en el profesional. Como sostiene Riesman (1989), la ayuda ofrecida tiene algo de mercancía, a adquirir, a promocionar. Es una relación asimétrica. Es el doctor quién detenta el único saber válido, el científico. Esto favorece la pasividad y la delegación por parte del usuario y cierra las puertas a otros sistemas no formales de ayuda y lleva con frecuencia al usuario a una codependencia, por la que la complementariedad entre ambos, "la necesidad mutua", puede no tener fin. Interfiriendo asi, en uno de los mecanismos fundamentales por los que elaboramos nuestra identidad social: la reciprocidad.

Un modelo centrado en el usuario se apoya en el principio de la responsabilidad personal e incita al uso de recursos propios, a la autonomía, a la independencia, a ser dueños irremplazables de la propia vida. Desestigmatiza y expande las experiencias salutíferas entre iguales. Desacraliza el único saber, introduciendo la diversidad.

Ponemos énfasis en el entorno como medio humano y organizacional responsable, en gran medida, del clima de una sala de ingresos y la “virtud” de este clima para mejorar, curar. Otro pilar clave de nuestro funcionamiento es el trabajo en equipo interdisciplinar con esfuerzos en el uso de las emociones de terapeuta como herramienta de cambio.

A modo de ejemplo he aquí alguna de estas metáforas-guías en nuestro trabajo diario:

Los síntomas son interacciones disfuncionales que el paciente nos trae al hospital y es experto en contagiarnos, pero a la vez son propuestas de ayuda, s.o.s. para su resolución. Nuestra encomienda, pues, es ayudarle a encontrar las maneras de resolverlas.

Todo síntoma puede interpretarse como una metáfora comunicacional. Si ayudados por el paciente, la familia y el personal de enfermería la encontramos, podemos hacer un plan terapéutico “a medida”.

Nunca el paciente es, de entrada, un incompetente. Una actitud  proactiva de creencia en los propios recursos, en lugar de la reactiva, paternalista, nos impele a tenerlo siempre en cuenta en su tratamiento.

Las experiencias de sentirse reconocido/a, querido/a, abre amplias puertas para la autoestima y la generación de un concepto de sí mismo diferente. Es una propuesta para todo el equipo terapéutico y para las relaciones entre los propios pacientes pues sirve como manera de confirmarse en su “sí mismo”.

Así, pues, junto a la medicación nos esforzamos en la utilización de la comunicación en su sentido más amplio, porque la comunicación informa, forma y transforma.

 

        Dr. D. Luis Torremocha Durán
        Subdirector Gerente.
        C.A. San Juan de Dios (Málaga)

 
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